Tropas israelíes y una excavadora operando en la aldea libanesa meridional de Al Adisa, vistas desde la Alta Galilea en la frontera entre Israel y Líbano, 18 de marzo de 2026. El ejército israelí declaró que lleva a cabo ataques en todo Líbano dirigidos contra infraestructuras y personal de Hezbolá. (Líbano, Hizbulá/Hezbolá) EFE/EPA/ATEF SAFADI
Por Redacción
Teheran, 19 de marzo de 2026.- La tensión en Medio Oriente alcanzó un punto crítico este miércoles tras el intercambio de amenazas existenciales entre Irán y Estados Unidos, desencadenado por los ataques a la infraestructura energética regional que han disparado el precio del crudo Brent a 109 dólares por barril. La Guardia Revolucionaria de Irán advirtió que continuará atacando las instalaciones de los aliados estadounidenses hasta su “completa destrucción” si se repiten las agresiones contra suelo iraní, mientras el presidente Donald Trump respondió asegurando que ordenaría la “destrucción total” de activos críticos de la República Islámica si no cesan las hostilidades contra naciones como Qatar.
El conflicto se intensificó después de que instalaciones de gas natural licuado en Ras Laffan, Qatar, sufrieran incendios y graves daños, un hecho confirmado por el gobierno qatarí como represalia por el ataque atribuido a Israel contra el campo de gas South Pars en Irán. Este último sitio es la reserva de gas más grande del mundo y provee el 70% del consumo doméstico iraní, lo que convierte su sabotaje en un golpe estratégico de gran magnitud. La cadena de violencia ha trascendido las fronteras energéticas, cobrando víctimas civiles en Cisjordania, donde la Media Luna Roja palestina reportó la muerte de cuatro mujeres y seis heridas en Beit Awa debido al impacto de misiles iraníes.
En medio de la escalada retórica, surgieron contradicciones fundamentales dentro del aparato de seguridad estadounidense. Mientras el presidente Trump afirmó que su administración no tenía conocimiento previo del ataque israelí a South Pars, informes de prensa indican que el mandatario estaba al tanto y respaldó la operación. Además, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, presentó ante el Senado una evaluación que contradice la justificación oficial de la ofensiva; según su testimonio, Irán no ha intentado reconstruir su capacidad de enriquecimiento nuclear desde junio de 2025, desmintiendo la narrativa de una “amenaza nuclear inminente” utilizada para validar la acción militar.
La comunidad internacional busca frenar el colapso energético y humanitario. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, expresó su rechazo a los ataques contra infraestructura civil y solicitó una moratoria inmediata en los bombardeos, tras mantener conversaciones de emergencia con el Emir de Qatar y con Donald Trump. La preocupación global se centra no solo en el suministro de hidrocarburos, sino en los potenciales riesgos radiológicos si el conflicto se extiende a instalaciones nucleares, aunque hasta el momento no hay evidencia pública de un ataque de esta naturaleza.
Con el petróleo en máximos históricos y las potencias regionales alineadas en bloques confrontados, la situación en el Golfo Pérsico permanece en un estado de alerta máxima. La guerra, iniciada formalmente el 28 de febrero de 2026, amenaza con derivar en una crisis humanitaria y económica de proporciones globales si las diplomacias de París y otros actores no logran imponer un alto al fuego antes de que se ejecuten las amenazas de aniquilación mutua.