Por Redacción
Ciudad de Mexico, 07 de agosto de 2026.- Una revisión publicada en la revista Science analiza el rol del azúcar en la evolución del género Homo. El estudio sugiere que el consumo de fruta por nuestros ancestros hace unos cuatro millones de años habría permitido el desarrollo cerebral, a pesar de que posteriormente se redujo la proporción de azúcar en la dieta.
El pariente más reciente que compartimos con los chimpancés, hace cuatro millones de años, comía sobre todo fruta. Según la investigación, su vista era capaz de distinguir los colores de estas fuentes de azúcar, minerales y fibra, probablemente para detectar cuándo estaban maduras y dulces. En aquel momento, el cerebro pesaba unos 300 gramos.
Desde ese momento, y a lo largo de la evolución del género Homo, la proporción de azúcar en la ingesta energética diaria se habría reducido unas tres cuartas partes, en favor de la mayor diversidad de una dieta omnívora. A pesar de este descenso relativo, el órgano mantuvo su crecimiento hasta alcanzar los actuales 1.500 gramos. Hoy, el cerebro representa el 2% del peso corporal pero consume el 20% de la energía que necesitan las funciones vitales.
Las autoras del estudio, quienes analizaron una amplia variedad de datos que incluyen composición de la dieta, metabolismo, isótopos fósiles, morfología dental y cambios genéticos, tratan de concretar cómo se sostuvo este crecimiento. Jennie Brand-Miller, profesora emérita de la Universidad de Sidney (Australia), señaló: “En 2015 ya publicamos sobre el papel de los almidones, carbohidratos complejos, en la dieta humana y cómo logramos incorporarlos en mayor cantidad cocinando granos y tubérculos cuando logramos controlar el fuego, pero esto sucedió, como pronto, hace 1,5 millones de años”.
El texto indica que nunca hemos necesitado menos cantidad de azúcar como ahora y, sin embargo, nunca ha sido tan imprescindible. Nuestro cerebro, glóbulos rojos, riñones y órganos reproductivos mantienen una demanda importante de glucosa. Karen Hardy, arqueóloga de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) y otra de las autoras, afirmó: “Al combinar las necesidades de azúcar, el aumento del tamaño del cerebro y los requisitos especiales de la reproducción, ofrecemos una perspectiva más detallada sobre la necesidad y el deseo humanos de azúcares y alimentos ricos en almidón”.