abril 14, 2026
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Oslo, 14 de abril de 2026.- Un trasplante de células madre con una determinada mutación logró la curación de un hombre con VIH, según un caso publicado en la revista Nature Microbiology. El estudio está liderado por el Hospital Universitario de Oslo y cuenta con la participación del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa de Barcelona.

El llamado ‘paciente de Oslo’ es un hombre de 63 años que fue diagnosticado de VIH a los 44. En 2020 recibió un trasplante de células madre para tratar un síndrome mielodisplásico, un tipo de cáncer de sangre descrito como “muy agresivo” por la investigadora María Salgado. Para el procedimiento, se buscó un donante con la mutación genética natural CCR5-delta 32.

Ante la imposibilidad de encontrar un donante compatible en los registros, se optó por primera vez por el hermano del paciente, quien de forma inesperada era portador de la mutación requerida. A los dos años del trasplante, y por indicación y con seguimiento médico, el hombre dejó el tratamiento antirretroviral para el VIH.

Cuatro años después de la retirada del tratamiento, el paciente sigue sin rastro detectable del virus. A sus 63 años, se convierte junto a un paciente de Estados Unidos en uno de los más longevos que se han sometido a este tratamiento. Este nuevo caso eleva a diez el número de personas en remisión de esa enfermedad desde el ‘paciente de Berlín’ en 2009.

Javier Martínez-Picado, coordinador del consorcio internacional IciStem 2.0 dedicado al estudio de la curación del VIH mediante trasplantes de células madre, señaló que “estos hitos nos permiten entender mejor cómo se produce la curación y avanzar hacia estrategias más aplicables a todas las personas con VIH”. El consorcio IciStem 2.0 es el que más casos ha documentado en el mundo, cuatro hasta ahora.

“Que hoy haya diez pacientes en remisión no es casualidad, es el resultado de más de una década de investigación internacional”, afirmó Martínez-Picado. Por su parte, María Salgado indicó que lo sucedido “abre la posibilidad a que la cura no esté limitada a ciertas edades o cierto estatus de salud”, añadiendo que estos pacientes “tienen una esperanza de vida que se separa muy poco de la de una persona sin VIH y una calidad de vida bastante buena”.

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